Lifehouse regresa con su quinto disco de estudio en diez años de carrera. Smoke & Mirrors parece ser otro paso más del grupo californiano para ganar nuevos fans, y más jóvenes, sabiendo que por el camino se quedarán otro buen puñado de antiguos seguidores de la banda, que verán este disco como la prueba ya definitiva de que el sonido que les catapultó nunca regresará.
El grupo de Los Angeles ha contado por tercera vez consecutiva con la producción de su mánager Jude Cole, y la verdad es que trabajo tras trabajo confirma que está unos peldaños por debajo de Ron Aniello, el productor a los mandos de los primerizos Lifehouse. Éste es, sin duda, el factor más importante que empuja a Smoke & Mirrors a convertirse en un popurrí de estilos y de probaturas varias, pero sin una idea clara y sin un destino concreto.
En este álbum podemos encontrar de todo. Hay canciones con destellos que recuerdan a la primera y mejor época de Lifehouse (Nerve Damage y From Where You Are), hay temas bastante buenos (All In), otros temas regulares (Falling In y Wrecking Ball), otros que no aportan nada (Smoke & Mirrors, Here Tomorrow Gone Today, By Your Side e In Your Skin) y algunos que merecen mención aparte. Por un lado tenemos a Halfway Gone, el primer sencillo extraído del disco, que es pegadizo hasta decir basta, pero su sonido y su producción sitúa a la banda en una posición más que sobresaturada hoy en día. Después está Had Enough, el tema que Wade ha escrito con Chris Daughtry, y que directamente parece una canción robada de un disco cualquiera del mencionado Daughtry. Y como colofón final está It Is What It Is, donde no se sabe si los chicos de Lifehouse quieren convertirse en una boy-band y ser unos Backstreet Boys de la vida, o es que quieren sonar como uno de esos grupos producidos por Timbaland, léase OneRepublic, pero la verdad es que escuchándolo, a uno le viene a la cabeza imágenes de Jason Wade y sus compañeros bailando coreografías perfectamente sincronizadas y ensayadas encima del escenario.
Lifehouse era un grupo que tenía un estilo y un sonido que les dotaba de una identidad envidiable, y ahora, moviéndose por unos terrenos más transitados, han pasado a ser un grupo más de esos muchos que fabrican canciones como churros para las radios y que prácticamente suenan todos igual. Poco queda de ese rock alternativo que bautizó a la banda; esa banda que levantó la bandera del post-grunge y que ha ido derivando progresivamente a un simple y clásico pop-rock. Quizás la nostalgia del sonido que tenía la banda en sus orígenes no deja valorar el disco con toda la objetividad que sería deseable, pero es que publicación tras publicación, Jason Wade y su grupo han ido perdiendo rasgos de su estilo personal, suavizándose tanto que sólo la voz del propio Wade, y por momentos sus letras en primera persona, nos recuerdan que estamos escuchando a Lifehouse. Es respetable que cualquier grupo pueda probar nuevos estilos, nuevos caminos, es incluso recomendable y digno de alabar, pero ello no debería comportar la pérdida de la propia personalidad.
Otro aspecto del que anda escaso este trabajo es de cohesión. A una banda con su experiencia se les podría exigir una mayor coherencia entre los temas que forman un disco; una sola unidad. No basta con sentarse en la postura más cómoda y sacar algunos temas de esos que sonarán a la perfección en anuncios, series juveniles y películas de sobremesa. Ironías de la vida, después de varias escuchas, el título del disco parece encajar a la perfección y lo que queda es un álbum un tanto hueco, vacio, con poca vida y escaso de sustancia que parece agotarse y apagarse rápidamente. Smoke & Mirrors está formado por el humo que distorsiona y esconde sus caras y espejos que reflejan lo que alguna vez fueron.
Los problemas del disco, pues, resultan mucho más aparentes y deslumbrantes que sus virtudes. Los tintes de pop comercial le quitan identidad a las canciones, difuminan su carácter y las visten a la moda, que como moda comercial que es carece de sentido identitario y regala al oyente déjà vu tras déjà vu. Al final, Smoke & Mirrors es un álbum con algunas buenas canciones y buenas melodías pero que se sitúa a kilómetros de distancia de su disco de debut No Name Face, y del infravalorado Stanley Climbfall, y que descaradamente confirma el dibujo de la carrera de Lifehouse como una cuesta abajo, y sin frenos.
02 de Marzo de 2010
Dreamworks, Geffen
Jude Cole
Esta crítica fue publicada el 22 de Marzo de 2010 a las 16:00 horas. Consulta toda la información de Lifehouse en Alternative Volume.
Cristina
La verdad es que yo pienso exactamente lo mismo. Ya no tiene nada que ver
el sonido de este disco con los anteriores, 'Who we are' aunque sea un poco
pop, es mejor que este. Y una de las pocas que me gusta, 'From where you
are' era una canción que ya habían hecho hace un par de años y que han
incluido en este disco. Una pena la verdad lo que ha hecho este grupo.
Comentario publicado el 4 de Octubre de 2010 a las 21:42 horas.
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